Entrevista a Rodrigo Prieto para Primerus: Un abogado colombiano ayudó a construir su firma con un propósito jurídico mucho más amplio en mente
La historia de Rodrigo Prieto Martínez, socio fundador de PGP, recorre mucho más que una carrera jurídica. En una entrevista con Primerus, comparte cómo la familia, la educación y el servicio al cliente marcaron su formación, desde sus primeros años en Bogotá y sus estudios de Derecho hasta la construcción de una visión humanista de la profesión.
También repasa el origen de PGP junto a Felipe Pinilla y Juan Manuel González, su experiencia en derecho corporativo, educativo y de familia, su participación en iniciativas académicas e institucionales y su compromiso con la educación como herramienta de transformación. Lea la entrevista completa:
Los tres pilares centrales de la carrera de Rodrigo Prieto Martínez, construida a lo largo de décadas como abogado exitoso en Bogotá, Colombia, han sido la familia, la educación y el servicio al cliente.
Primeros años e influencia familiar
“Desde muy joven supe que estudiaría Derecho”, dice Prieto Martínez, quien fue uno de cinco hijos que crecieron en Bogotá. Para él nunca hubo duda de que terminaría dedicándose a una carrera jurídica, moldeada por esas influencias fundamentales en su vida.
Mientras su padre construía una empresa, su madre era una pintora reconocida a nivel nacional que administraba el hogar y criaba a los hijos. De ambos, dice, aprendió lecciones que seguirían siendo importantes a lo largo de su vida y de su carrera profesional.
“Fueron personas que me inculcaron el valor del trabajo duro, la familia y el esfuerzo por hacer lo mejor para los demás”, afirma.
Formación académica y humanística
Otra influencia importante en su desarrollo como joven fue el colegio suizo al que asistió en Bogotá, donde entró en contacto con una cultura educativa que lo acompañó posteriormente.
“Su cultura de mentalidad abierta dejó claramente una impresión duradera en mí”, dice.
Su decisión sobre dónde cursar estudios universitarios también estuvo influenciada por la familia. Su hermano mayor ya había decidido convertirse en abogado y había comenzado sus estudios en la Universidad del Rosario. Prieto Martínez optó por seguir un camino diferente y se matriculó en la Pontificia Universidad Javeriana, fundada en 1623 y una de las universidades colombianas más antiguas y tradicionales. Obtuvo su título de abogado en 1981. Sin embargo, el impacto de la universidad sobre él fue mucho más allá del aprendizaje del Derecho.
“La formación humanística y antropológica que recibí durante mis estudios de pregrado ha moldeado la forma en que abordo no solo mi ejercicio profesional, sino también toda mi vida familiar y social”, explica.
Su tesis se centró en un análisis comparativo de la legislación de derecho de familia en distintos países, una temprana manifestación de la amplitud de intereses que eventualmente caracterizaría su práctica profesional. Posteriormente continuó su formación jurídica en España, obteniendo una especialización en derecho civil y comercial en la Universidad de Navarra.
Primeros pasos profesionales en el negocio familiar
Como joven abogado recién graduado hace aproximadamente 40 años, Prieto Martínez decidió incorporarse al negocio familiar y trabajar para su padre, un empresario que ayudó a crear la industria de parques cementerio en Colombia. Este trabajo le brindó la oportunidad de manejar una variedad de asuntos jurídicos y, al mismo tiempo, involucrarse en otras instituciones y causas. Dedicó tiempo a iniciativas sociales en zonas marginadas de Bogotá y contribuyó al fortalecimiento del gobierno corporativo de la Universidad de La Sabana y de su escuela de negocios, INALDE.
De un emprendimiento en línea a la fundación de la firma
Durante los años siguientes, la combinación de empresa, Derecho, educación y compromiso social se mantuvo como una constante en la vida de Prieto Martínez. En la segunda mitad de la década de 1990, esa combinación lo llevaría a cofundar Pinilla, González & Prieto Abogados (PGP).
Los orígenes de la firma surgieron a partir de una propuesta empresarial innovadora.
Felipe Pinilla, compañero suyo en la universidad y futuro socio, se acercó a Prieto Martínez con una idea considerablemente más ambiciosa que la de una firma de abogados tradicional. Pinilla quería lanzar una iniciativa de consultoría jurídica en línea junto con Prieto Martínez y Juan Manuel González.
En última instancia, el proyecto no tuvo éxito, pero también brindó una oportunidad para que los tres jóvenes abogados demostraran su resiliencia y aprendieran del fracaso. Descubrieron que tener un buen concepto no era suficiente. Llegaron a comprender que aún no contaban con la credibilidad pública necesaria para hacer que el proyecto en línea prosperara.
Sin embargo, de aquella experiencia decepcionante surgió algo positivo, porque poco tiempo después el trío decidió establecer Pinilla, González & Prieto Abogados.
Los inicios de la firma fueron modestos. A los tres socios se sumaron dos secretarias y un dependiente judicial. Pinilla y González aportaron una base de clientes ya existente, lo que proporcionó a la nueva firma un fundamento sólido sobre el cual crecer.
Los socios pronto se trasladaron a una oficina en el distrito financiero de Bogotá. Prieto Martínez señala que la ubicación les ayudó a generar una mayor confianza entre los clientes. Tres años después, se mudaron a su oficina actual, otro paso en el proceso de consolidación de la firma.
La lección que Prieto Martínez extrajo de aquellos primeros años fue relativamente sencilla.
“A quienes deseen iniciar su propia firma, les recomiendo ser muy selectivos respecto de quiénes eligen como socios y poner un gran cuidado en atender bien a sus clientes: ellos son los principales impulsores del crecimiento”, afirma. “Si se sienten bien atendidos, recomendarán sus servicios jurídicos”.
Práctica jurídica y participación corporativa e institucional
Los primeros clientes de la firma también contribuyeron a dar forma a su práctica. PGP se involucró rápidamente en asuntos inmobiliarios y de urbanismo, áreas en las que González tenía experiencia particular, incluida su labor previa como director jurídico de una entidad de planeación urbana de Bogotá.
Prieto Martínez desarrolló una práctica centrada en derecho corporativo, derecho educativo y derecho de familia. Su trabajo ha incluido la asesoría a empresas y compañías extranjeras, reformas estatutarias, liquidaciones, así como asuntos relacionados con colegios y universidades. Uno de los proyectos de la firma para la Universidad de La Sabana involucró un extenso proceso de licenciamiento urbanístico.
Su vínculo con el sector educativo nunca se ha limitado a la representación jurídica. Ha sido miembro de la junta directiva de la Universidad de La Sabana y de la junta directiva de INALDE Business School, al tiempo que ha participado en organizaciones como la Cámara Regional de la Construcción, la Cámara Colombo Americana, la Cámara Colombo Chilena y la cámara jurídica de la Asociación de Industriales y Empresarios de Colombia.
Filantropía y visión ética de la profesión jurídica
Pero quizá la indicación más clara de lo que significa la educación para Prieto Martínez se encuentra fuera de su hoja de vida profesional.
Durante mucho tiempo ha apoyado esfuerzos destinados a ayudar a personas sin los recursos necesarios para asistir a la universidad. Junto con amigos, ayudó a establecer una fundación que ha otorgado más de 600 becas a estudiantes que cursan programas universitarios en Bogotá.
Ese trabajo ha contribuido a situar la carrera jurídica de Prieto Martínez en un contexto más amplio. Su trayectoria lo ha llevado desde el departamento jurídico de la empresa de parques cementerio de su padre hasta la fundación de una respetada firma de abogados en Bogotá; desde el derecho corporativo y educativo hasta el gobierno institucional y el servicio a la comunidad. A lo largo de todo ese recorrido, la educación ha permanecido como una constante, tanto como algo que valora personalmente como un medio para desarrollar a las personas y las instituciones que lo rodean.
También ocupa un lugar central en la forma en que considera que los abogados deben ejercer su profesión.
“Creo que es importante para un abogado, y para cualquier profesional en general, desarrollar su carácter mediante el estudio, mantenerse actualizado y formarse en los principios éticos de la profesión”, afirma, “para que pueda ser una persona íntegra que procure aportar su parte en la construcción de una sociedad más justa”.
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